Películas

Crítica

La única opción | La competencia capitalista sin mensajes moralistas

Park Chan Wook aborda un thriller con mensaje.

Lopez Aguirre
16.01.2026, a las 21H25.

El cine de Park Chan-wook se caracteriza por llevar a sus personajes al límite, ya sea buscando venganza, como en su trilogía a la que pertenece Oldboy, o a través de un sacerdote vampiro que debe resistir la tentación y la necesidad de la sangre en Thirst. Ahora, el cineasta coreano entrega La única opción (No Other Choice, 어쩔수가없다), un thriller en el que su protagonista es llevado al límite del mundo corporativo y de la realidad del sistema capitalista.

Man-su es un jefe de familia que parece tener la vida perfecta: una mujer que lo ama, dos hijos —uno de ellos a quien se hizo cargo sin ser el padre—, una hermosa casa de dos pisos y un par de golden retrievers que son la adoración de su hija, una pequeña prodigio del cello. Todo esto parece derrumbarse cuando un recorte en la empresa provoca que lo despidan de la compañía papelera a la que le dedicó años de trabajo.

Es imposible no sentirse identificado con el protagonista ante una situación que te lleva a desempolvar el currículum y buscar trabajo en una industria —en este caso, la del papel— que parece ir a la baja y donde la competencia es feroz. Pero lo que hace Lee Byung-hun (El juego del calamar) es interpretar un papel que nunca se percibe como villanesco; por el contrario, sus acciones son exactamente las que cualquiera de nosotros podría tomar si nuestra desesperación llegara a los niveles de Man-su.

Mientras que otras historias de “hombre desesperado busca trabajo para sostener a su familia” terminan a manera de moralejas sobre el poder del amor, la fe o cualquier otro valor positivo que nos haya enseñado el cine de Hollywood, Park Chan-wook humaniza a sus personajes. Presenta a este padre de familia cuya hija ama la música clásica y toca el cello como una profesional, pero que, al no tener empleo, no puede pagarle una escuela especial. La situación no es que tengan una vida de lujos; el problema es que, a veces, un don también sale caro.

Por otro lado, el director también nos coloca en el centro del huracán de la batalla capitalista por ser el mejor candidato para un empleo. Man-su se dispone a acabar —literalmente— con quienes él considera mejores candidatos que él, personajes que también tienen sus propias historias y puntos débiles, todo en aras de obtener un puesto en una industria que conoce y que no está dispuesto a abandonar, por más que el barco se esté hundiendo.

Al final, la visión que ha ofrecido el cine coreano en los últimos diez años es la de una batalla entre seres humanos por sobrevivir en un sistema regido principalmente por el capitalismo, ya sea para evitar que se muevan las clases sociales, como en Parásitos de Bong Joon-ho, o para eliminar a la competencia con las propias manos, tal como busca hacerlo Man-su mientras sostiene una maceta por encima de su cabeza en La única opción.

Nota del Crítico
Magnífico