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Crítica

Crítica de Resident Evil | Cregger logra darle vida a la franquicia con grandes ideas

La adaptación de la idea general de Resident Evil es sangrienta, divertida y con escenas inolvidables

Omelete
4 min de lectura
16.09.2026, a las 13H47.

Zach Cregger construyó en apenas cuatro años un nombre de peso en Hollywood. Con Bárbaro (2022) y La noche de la desaparición (2025), logró que el terror vuelva a ser sorpresivo, con algo de humor y que la historia tenga un tema que abordar entre sangre, gritos y descuartizaciones. Pero ahora le llegó una oportunidad diferente: un clásico de terror en los videojuegos que, a su vez, ya viene muy adaptado desde hace 20 años. El resultado, una divertidísima película con muy buenas ideas. 

La primera vez que Resident Evil llegó a las consolas fue hace 30 años. En todo este tiempo, Paul W.S. Anderson y Milla Jovovich hicieron seis películas basadas en la franquica y, luego, la muy floja Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City con Kaya Scodelario (Los caballeros). No era muy difícil que Zach Cregger con su creatividad, dirección y humor haga algo que destaque no solo por encima de estas adaptaciones sino en el mercado cinematográfico actual. 

Bryan (en otro excelente trabajo de Austin Abrams) trabaja transportando órganos a través de un servicio por aplicación. Mientras finalizaba su jornada en un hospital, recibe otro encargo que le exige llegar rápidamente a Raccoon City. Ya de antemano, te das cuenta que no es la clase de personas que le encargarías llevar un órgano, pero eso lo sabemos nosotros como espectadores. En el camino hacía cumplir con su entrega y en condiciones pésimas por la tormenta de nieve, atropella a una mujer y, a partir de ese momento, descubre que el mundo está a punto de cambiar aunque a él solo le importa volver a su casa con su novia y terminar la discusión sobre si van a tener al hijo que están esperando. 

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La trama es sencilla, quizá la más simple de los tres largometrajes del director, pero la puesta en escena, guion y narrativa de Zach Cregger harán de esa simpleza un camino divertido y lleno de buenas sorpresas. Cabe recordar que tanto en Barbarian como en Weapons, los giros son originales y de buena ejecución, una marca registrada de la casa. En la primera, ese corte de una historia a la otra a la mitad de la película y, en la segunda, los puntos de vista que van sumando elementos para un final espectacular.

Por ahí pasa la clave de la película: Cregger no adapta ningún juego en particular ni la historia de ningún personaje de la franquicia, lo que hace es situar a su personaje (que podría ser tranquilamente el mismo de Weapons, el joven que es atrapado robando) en el mundo de Resident Evil. Una vez allí, comienza la magia y le agrega elementos propios de su filmogafía como el humor y los giros, ese juego en las escenas de "susto" que no lo hace tan evidente. El ataque antes de entrar al hospital o el motorhome con su habitante (lo cuento así para no caer en el spoiler) son claros ejemplos del tempo que maneja Cregger para narrar sus historias. Y lo bien que funcionan. 

Hay un punto que sí va a marcar una fuerte polarización y es entre los amantes de los videjuegos. Están los que quieren una adaptación fiel y estricta de los hechos y lo que pueden disfrutar más allá de si está o no tal o cual personaje o si se mueven un poco desde el origen del virus y sus efectos en los humanos. Hay una buena noticia para ellos: el lenguaje de los videojuegos acompaña a Resident Evil a lo largo de toda la película.

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Desde las escenas donde el coche recorre la carretera nevada en perspectiva del jugador o cuando agarra el arma para entrar al hospital pasando por el momento en que Bryan es detenido por un policía y las secuencias de disparos en primera persona, la sensación de estar viendo un videojuego es muy lograda. También hay momentos, más al final de la película, muy al estilo climax de las obras originales de RE o de juegos como God of War, que culminan en una gran cinemática donde el director desata toda su locura visual o te prepara para el último jefe. 

Austin Abrams también tiene que tener su momento destacado aquí. Hace un trabajo muy bueno al construir a Bryan como un jugador inexperto dentro de Resident Evil pero a su vez lleno de humor y picardía. Le da el toque justo y responde bien al tono que propone Cregger. Por otro lado, su propia experiencia le va dando herramientas para entender cómo funciona la dinámica de los infectados, armas disponibles, suministros en cajones o debajo de los muebles y demás. El actor va tomando su propio control del juego. 

Con todo esto expresado, puedo confirmar que Resident Evil es una muy buena película, llena de buenos momentos y escenas icónicas que trata sobre experimentar ese mundo de los videojuegos sin calcar lo que pasa en uno de ellos. Captar la atmósfera, la tensión, el clima, las herramientas, el tono, pero no por eso repetir la historia lineal de los personajes.

Sí, Resident Evil es una buena película, no la mejor de Zach Cregger, pero si buena y que ofrece una gran experiencia de terror que le hace honor a la franquicia, pero mucho más al estilo del propio director. Con un final no tan bueno, el camino a Raccoon City vale los 90 minutos de película. 

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