La caída de la ballena | Austin Abrams y Josh Brolin entregan personajes vulnerables y humanos
La película está disponible en cartelera.
Austin Abrams es, sin duda, el scream king de 2026 y uno de los nuevos representantes del género de terror. El año pasado apareció como uno de los personajes principales en La noche de la desaparición, de Zach Cregger, y este año volvió a trabajar con el director en Resident Evil. Ahora, tan solo unos meses después, llega La caída de la ballena, película dirigida por Brian Duffield.
Las dos películas anteriores de Duffield, al igual que La caída de la ballena, abordan la pérdida como parte central de sus historias. Spontaneous es un drama juvenil con elementos fantásticos que juega con la idea de sobrevivir a un tiroteo escolar. Por su parte, Nadie podrá salvarte explora la culpa de su protagonista mientras lucha por sobrevivir a una invasión alienígena.
La primera secuencia de La caída de la ballena nos presenta a Josh Brolin en un papel que parece hecho a su medida. Como Mitt Gardiner, un buzo sumamente estricto con su hijo Jay (Austin Abrams), Brolin transmite la dureza de un padre que busca preparar a su único hijo varón para afrontar los peligros del mundo, tanto debajo del mar como fuera de él. Detrás de esa severidad, sin embargo, también se percibe el temor que implica asumir la responsabilidad de darle las herramientas necesarias para sobrevivir.
La historia lleva a Jay al interior de una ballena después de que esta lo devora accidentalmente mientras intenta huir. A partir de ese momento comienza el verdadero survival horror: Duffield convierte el cuerpo del animal en una trampa mortal y somete a Abrams a una carrera contra el tiempo. Cada minuto representa un nuevo peligro y el protagonista debe encontrar la manera de escapar sin morir aplastado en el intento.
Pero la lucha por sobrevivir también funciona como el camino de Jay hacia la reconciliación con su padre. A diferencia de Spontaneous y Nadie podrá salvarte, cuyas protagonistas son mujeres interpretadas por Katherine Langford y Kaitlyn Dever, respectivamente, aquí Duffield pone a un hombre en el centro de una historia que exige mostrar su vulnerabilidad. Abrams interpreta a un personaje desesperado, que siente miedo y llega al llanto, lejos de la figura del héroe masculino que nunca se quiebra.
Esa vulnerabilidad es uno de los mayores aciertos de Abrams. Al igual que en Resident Evil, el actor demuestra que puede combinar la tensión con pequeños momentos de comedia, pero aquí ese registro contribuye a que la película trascienda el survival horror y se convierta en un drama sobre la relación entre un padre y su hijo. Brolin, por su parte, impone con su presencia y construye a un padre cuya severidad cobra un nuevo significado: la experiencia dentro de la ballena se convierte en la prueba definitiva para que Jay ponga en práctica todo lo que le enseñó.
La película toma riesgos y plantea situaciones que parecen desafiar las leyes físicas, tanto las que rigen el cuerpo humano como las de una ballena. Sin embargo, la historia nos conduce hasta ese punto y, una vez allí, lo mejor es dejarse llevar por la experiencia y disfrutar de las actuaciones de Brolin y Abrams. El resultado es una película que, además de explorar el vínculo entre padre e hijo, deja una inesperada sensación de paz y respeto por el mar, así como una profunda admiración por la importancia de las ballenas en el ecosistema.