México 86 | Diego Luna y el Mundial del 86 nunca fueron tan divertidos
La película es escrita por Gabriel Ripstein y Daniel Krauze
Al ver México 86, es imposible no pensar en lo que han cambiado México y la FIFA en 40 años… y, al mismo tiempo, cómo seguimos siendo los mismos. La historia de la película dirigida por Gabriel Ripstein nos presenta a Martín de la Torre (Diego Luna), empleado de la Femexfut, pero cuyo colmillo lo llevó a convertirse en presidente de la organización de futbol de México ante la FIFA. La forma en que Luna va construyendo su camino hacia la cima es digna de resaltar, ya que sobre el papel es un personaje difícil de lograr que conecte con la audiencia. Al final, estamos ante un personaje que, si bien es ficticio —nunca existió un Martín de la Torre en la Femexfut, seguramente para no entrar en conflictos legales—, termina por representar la corrupción y las mañas que existen en las federaciones deportivas.
Ripstein, junto con Daniel Krauze, construye una película que no busca celebrar el espíritu de una selección nacional jugando en casa —esa habría sido la versión hollywoodense—. Aquí ambos muestran los hilos que se movieron para lograr que México fuera el primer país en la historia en organizar dos Mundiales de Futbol; pero aquí es donde entra el cast, y tenemos a un Diego Luna con colmillo, pero que conecta con nosotros, con el público. Queremos que triunfe, sabemos que lo que hace algunas veces no es como debería ser, pero al final representa lo bueno y lo malo del mexicano, algo muy complicado de lograr, pero que Luna hace ver muy sencillo.
La producción nos lleva a los años 80 de México con un gran cuidado al detalle, ya sea en su vestuario, con outfits que nunca buscan gritar “miren, estamos en los 80”, sino que se sienten naturales. Esto también se logra gracias a que la producción cuidó los props que aparecen a lo largo de las escenas. Entonces, cuando todos estos departamentos se fusionan de manera natural, el resultado es un viaje a la época, a tal grado que nos hace extrañar cosas que no volverán.
Es refrescante ver que una película sobre la organización del Mundial de 1986 en México haya tenido un tratamiento a la altura de un evento histórico, pero sin temer recurrir a la comedia y la autocrítica, ni tampoco evadiendo grandes nombres de los protagonistas del momento como José Ramón Fernández, Hugo Sánchez o Emilio Azcárraga “El Tigre”. Este último es interpretado de gran forma por Daniel Giménez Cacho y, cuando interactúa con Diego Luna, es el equivalente futbolístico a ver a los dos delanteros estrella del equipo organizando una jugada que termina en un hermoso gol.
Sin embargo, algunas de sus subtramas no terminan de conectar del todo. Sirven para el desarrollo del personaje, sí, pero habiendo tanto tema que abordar sobre la organización de un Mundial de Futbol, y con el tono que llevan la película, Ripstein y Krauze, se antojaba espacio para todavía más historias difíciles de creer.
Al final, México 86 logra mostrar la fiesta —y los movimientos detrás de ella— que hay alrededor de un Mundial de Futbol, así como la capacidad que tiene este evento, que ocurre cada cuatro años, para mover intereses, fans, jugadores, marcas, patrocinios y medios de comunicación en busca de una tajada del pastel. Todo gira alrededor de 22 adultos corriendo detrás de un balón; suena simple, pero hay tanto que no se sabe que, cuando tenemos historias como ésta, es imposible no entrar en el juego.