Supergirl | Kara no encuentra su lugar en la Tierra, al igual que la película
Una producción para el verano y desconectarse del mundo dos horas.
El cine de superhéroes sigue atravesando su etapa más extraña, como si estuviera pasando por una pubertad narrativa. Algunos títulos son un éxito, con propuestas o actuaciones sobresalientes; otros parecen repetir fórmulas ya gastadas con resultados lamentables. Supergirl se encuentra justo a la mitad.
James Gunn anunció que Supergirl basaría su historia en Supergirl: Woman of Tomorrow, un cómic donde uno simplemente puede ver las viñetas ilustradas para darse cuenta de que la película pudo haber sido un deleite visual, con una paleta de colores que habría dejado en ridículo al espacio mostrado en Proyecto Fin del Mundo. Sin embargo, y a pesar de haber tenido el año pasado un Superman con colores vivos, DC regresa a una fotografía sombría, en tonos sepia y negros, que la coloca en el terreno de cualquier película genérica de superhéroes.
La historia sigue el patrón del western, donde un héroe es obligado a salir de su retiro para cobrar una venganza personal y, de paso, ayudar a los habitantes de un pueblo que están siendo azotados por un grupo criminal sin ley. Hasta ahí, todo normal. El problema es que, mientras una película como Logan —que también es un western a su manera— tiene a un personaje fiel a su visión fatalista del mundo para, al final, devolverle la esperanza, Supergirl no termina por encontrarse.
Por un lado, el hecho de haber vivido en Krypton durante su adolescencia hace que naturalmente sienta ese planeta como su hogar y que no vea de la misma forma a la Tierra. Sin embargo, aunque ahí había una oportunidad para mostrar “cultura alienígena” (música, moda, estética), tanto el personaje de Milly Alcock como la película nos presentan las clásicas referencias de una película de James Gunn: canciones de rock con más de 30 años y menciones a la cultura pop, aunque se suponga que están en otro planeta y que la protagonista huye de todo lo que tenga que ver con la Tierra.
Jason Momoa vuelve a ser Jason Momoa, ahora en el papel de Lobo, un personaje que, de acuerdo con el actor, era su sueño interpretar. Pero lo cierto es que pudo no haber estado presente y la película habría sido la misma, sin aportar mucho más que su nombre para el marketing en el póster y demás productos. Por su parte, el personaje de Ruthye Marye, interpretado por Eve Ridley, está en un tono totalmente diferente al de la película, si todo el reparto está en el nivel 10, ella quiso hacerlo en el nivel 15 y acento británico del Shakespeare Theater.
Lo cierto es que, para ser su primer protagónico en una producción de ese tamaño en Hollywood, con un personaje icónico para los fans de DC, Milly Alcock logra una interpretación natural y hace suyo el personaje, aunque este tenga sus incongruencias en el guion. Ella nos muestra el gran problema que carga el personaje: es, en verdad, la inmigrante de Krypton, porque Clark, al haber llegado siendo un bebé, no tiene recuerdos de su planeta de origen, pero Kara sí. Y es en esas secuencias de Krypton donde había una película mucho más interesante y profunda.
Es verdad que hoy en día muchos parecen exigir o esperar una obra maestra en cada una de las películas que se estrenan en verano, y también que los estudios han malacostumbrado al público al vender sus películas como si cada una fuera un evento único e irrepetible. Supergirl claramente no lo es, pero tampoco parece pretender serlo. La película de Craig Gillespie es una obra que se disfruta como una película para desconectarse un par de horas del mundo exterior y nada más.