Así aprenderás | Controversia por parte de maestros en Corea
La serie está disponible en Netflix
Así aprenderás ha abierto una profunda grieta en la opinión pública en Corea del Sur y su sector educativo. Mientras que los espectadores globales la han encumbrado como el éxito del momento gracias a su ritmo ágil y la inmensa satisfacción de ver a los abusadores recibir su merecido, quienes viven el día a día en las aulas surcoreanas miran la producción con horror y escepticismo.
Para el espectador promedio, la serie funciona como un desahogo perfecto. El formato de "justicia retributiva" —donde un grupo respaldado por el Estado castiga físicamente a los acosadores escolares— ha sido una fórmula ganadora en el streaming.
La realidad distorsionada
En la otra cara de la moneda, los profesores de Corea del Sur se debaten entre la validación de sus problemas y el miedo a los mensajes que promueve el show.
Una profesora de secundaria en Seúl (vía) expresó su preocupación de que el público empiece a creer que "la violencia contra los estudiantes es, de alguna manera, una parte necesaria de la educación".
Otro docente de la escuela Gwangnam señaló que, si bien el inicio retrata bien el entorno escolar, el cierre es pura ficción. "Deseo que las escuelas reales tuvieran los mismos mecanismos para proteger a los maestros que se muestran en la serie, pero el final es demasiado irreal", comentó.
La controversia llegó a Blind, una plataforma laboral en Corea anónima donde los empleados deben verificar su profesión. Ahí, los maestros compartieron la incomodidad que les genera el show en su entorno familiar:
“Después de ver la serie, mi familia me dijo: 'Los profesores deben encontrar muy satisfactorio ver esto'. Les dije que absolutamente no. Al contrario, lo encuentro horroroso. En el momento en que las escuelas operan por la fuerza, la educación se convierte en cría de animales, no en enseñanza”.
Paradójicamente, el éxito de Así aprenderás expone una triste realidad social. El público recurre a esta fantasía violenta porque el sistema judicial real ha fallado en proteger a las víctimas de acoso escolar y a los profesores, dejando un vacío que solo la ficción —por ahora— parece poder llenar.