Crítica de Los caballeros | La serie redobla la apuesta con una excelente segunda temporada
El éxito de Netflix regresa con nuevos episodios
Los caballeros es una de las series más atractivas de Netflix de los últimos años. Lleva el ADN de Guy Ritchie, un director y guionista que no siempre acierta, pero cuya principal virtud es combinar el suspenso y la comedia con clase —especialmente cuando explora la aristocracia británica, con todas sus manías y gestos, en una mirada irónica hacia algo que ya parece anticuado desde hace siglos. Al igual que el resto del mundo, esta burguesía hipócrita también necesita evolucionar, y esa evolución pasa, inevitablemente, por involucrarse de una vez por todas con el crimen organizado.
Si la primera temporada servía como puerta de entrada a este universo (o como una nueva puerta, ya que la serie adapta la película original de 2019), la segunda es una inmersión aún mayor en esta realidad. Eddie (Theo James) y Susie (Kaya Scodelario) deciden expandir el negocio, aunque para ello tengan que pasar por encima de las órdenes de Bobby (Ray Winstone), y esa decisión aumenta los riesgos y las consecuencias en todos los sentidos. Es un paso natural para la pareja: después de un año al frente de la operación internacional, ya no se conforman con administrar lo que Bobby les dejó. Quieren construir algo propio, y es precisamente esa ambición desenfrenada la que les tira la alfombra bajo los pies a lo largo de los ocho episodios.
Es una temporada más sombría y madura que la anterior, incluso en cuanto al formato narrativo: la nueva temporada es más lineal, abandona parte de la estructura episódica que caracterizó a la primera temporada y gana en un ritmo adictivo. Cada episodio empuja al espectador directamente hacia el siguiente, sin los momentos más relajados y divertidos que caracterizaban a la temporada de estreno. Es una elección coherente con el momento que atraviesan los personajes: ya no están tanteando el terreno del crimen, están inmersos en él, y la serie refleja esto al abandonar parte del tono de comedia a favor de una tensión más constante.
La química entre Theo James y Kaya Scodelario no hace más que mejorar: ambos forman una pareja cuya tensión sexual casi salta de la pantalla, sin ceder nunca al deseo del espectador de verla consumada. Es uno de los mayores aciertos del guion: la serie entiende que la relación entre Eddie y Susie funciona mejor en la ambigüedad, en el juego de provocaciones y complicidad, que en una resolución romántica obvia. Incluso con los nuevos intereses amorosos que la temporada introduce para ambos, esa tensión original sigue siendo el motor emocional de la trama.
La serie también respeta la evolución de los personajes y los muestra como personas imperfectas, que también fracasan, lo que hace que sea aún más gratificante seguir su trayectoria de superación. No es una temporada de victorias fáciles: Eddie se equivoca en sus cálculos, Susie se enfrenta a límites que no esperaba encontrar, y el propio Bobby, cada vez más errático en sus decisiones, se convierte tanto en un obstáculo como en un mentor. Esta disposición a mostrar las grietas en los personajes principales es lo que distingue a la serie de un simple ejercicio de estilo.
Hay claras referencias a clásicos del cine de gánsteres estadounidense, como El padrino II y Scarface, en la forma en que explora las traiciones internas y una violencia más cruda. La expansión geográfica de la trama, que lleva la historia fuera de Inglaterra, refuerza esta comparación: al igual que los grandes clásicos del género, Magnates del crimen entiende que crecer también significa exponerse a enemigos más grandes e impredecibles. Esta vez, para seguir adelante, Eddie no puede valerse de su título de duque: para ser un gánster, debe convertirse en uno, y Guy Ritchie sabe exactamente cómo llevar a cabo ese ascenso, sin atajos y sin eximir al protagonista de las consecuencias de sus decisiones.
El resultado consolida a Los caballeros como uno de los grandes éxitos de Netflix y deja al espectador con muchas ganas de ver la tercera temporada, que la plataforma ya ha confirmado. Es la prueba de que la serie sabe crecer sin perder aquello que la hizo especial desde el principio: el choque entre el refinado mundo de la aristocracia británica y la brutalidad cada vez más explícita del crimen que la sustenta.