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Series y televisión
Crítica

Elle | La precuela de Legalmente Rubia trae una vibra noventera con una gran protagonista

La serie incluye varias referencias a la película protagonizada por Reese Witherspoon y encontró a la protagonista perfecta en Lexi Minetree

Omelete
4 min de lectura
02.07.2026, a las 11H02.
Actualizado en 02.07.2026, a las 11H20
Lexi Minetree en "Elle"

Créditos da imagem: (Divulgación/Prime Video)

Es casi increíble volver a ver Legalmente Rubia en 2026, 25 años después de su estreno, y darse cuenta de lo vigente que sigue siendo la película. Allá por 2001, el largometraje protagonizado por Reese Witherspoon desafió estándares de género y estereotipos al presentar a una “niña fresa” muy inteligente y nada prejuiciosa, que era constantemente subestimada por los demás y siempre lograba sorprender.

Justamente por eso, la tarea de volver a tocar la historia del personaje, esta vez para acompañarla en 1995, a los 16 años, todavía en la escuela, parecía intimidante. Después de todo, ya vimos un gran desarrollo del personaje en la primera película, así que ¿cómo hacer que Elle siguiera evolucionando, pero sin repetir una historia que ya vimos contada de una forma tan efectiva?

Ese probablemente fue el mayor desafío de la creadora y showrunner Laura Kittrell. Pero, respaldada por la producción de la propia Reese Witherspoon, el resultado de la serie, al igual que la misma Elle Woods, también sorprende. Como precuela de Legalmente Rubia, Elle entrega una historia divertida y chispeante, con buenas pinceladas de lo que algún día llegará a ser el icónico personaje.

Y si hay alguien responsable de gran parte del éxito de la serie es su protagonista. Lexi Minetree no solo se parece físicamente a Reese Witherspoon, sino que también transmite la forma de ser del personaje en los gestos, expresiones, postura e incluso en la voz. Todo eso sin parecer una copia barata y entendiendo además que se trata de una versión más joven del personaje.

Los looks maravillosos están ahí, y las frases memorables también. “La gente feliz simplemente no le dispara a sus maridos” ahora da paso a “Yo no corro, pero camino con convicción”, o “El optimismo, como la estructura ósea, es genético”. 

Hablando de genética, el segundo acierto de Elle es darle más espacio a los padres de la protagonista. Definitivamente ella no sería lo que es sin ellos, y la serie muestra por qué. Ambos están obsesionados con la apariencia (¡su papá es un cirujano plástico de Los Ángeles!), pero siempre intentan encontrar lo mejor en cada situación y en cada persona.

Tal vez su mamá, Eva Woods (June Diane Raphael), tenga más dificultades con los juicios ajenos, pero justamente de ahí salen las mejores interacciones entre ella y Elle. Es genial ver la relación entre madre e hija desde ambos lados. Cuando la chica pide consejos, pero también cuando decide que necesita plantarse y defender su postura en algunas situaciones.

Y el mayor cambio de Elle ocurre cuando ella misma tiene que mudarse de Los Ángeles a Seattle y se topa con un choque de realidad al enfrentarse a un universo menos obsesionado con la apariencia y más con el contenido. En la escuela Rainier West, los alumnos ya están decididos a combatir injusticias, defienden a las minorías, se oponen al racismo y no molestan a los alumnos LGBTQIA+. 

Estar en ese ambiente muestra cómo Elle terminó convirtiéndose en una persona tan atenta a quienes la rodean en el futuro, y la serie ya deja ver cuánto logra evolucionar en apenas ocho episodios. Es fácil encariñarse con la formación de su amistad con Liz (Gabrielle Policano) y verla empezar a darse cuenta de sus posibles sentimientos por Dustin (Zac Looker). 

Pero justamente por estar en medio de ese ambiente, la antagonista de la serie no tiene sentido. Kimberly (Chandler Kinney) está construida para ser la chica más popular de la escuela, querida por todos, y que también defiende a todos a su alrededor. Sin embargo, se convierte en la principal responsable del bullying que Elle empieza a sufrir en la escuela. Kimberly juzga a la protagonista porque cree que es una "falsa feminista", pero luego va y escribe “zorra” en su casillero. Se burla de Elle por su ropa extravagante y después la confunde para que use ropa que de verdad llama la atención en su fiesta de cumpleaños.

El personaje está lleno de contradicciones y, aun con el carisma de Kinney, no logra convencer como una villana con motivaciones; y el guion hasta da a entender que sí tiene buenas razones, sobre todo por la relación conservadora y restrictiva con sus padres en casa, pero nunca muestra lo suficiente para que la audiencia también lo asimile. Entonces, al final, cuando eventualmente empieza a redimirse, nada se siente natural.

Los problemas de la historia, sin embargo, se detienen ahí. Los otros personajes complementan bien la vida de Elle y el misterio que hace que la protagonista ya empiece a mostrar su vena de abogada también resulta divertido y satisfactorio de seguir conforme se va revelando.

Todo eso en medio de una banda sonora, escenarios, accesorios y caracterizaciones que nos llevan directamente a los años 90. Y no solo en eso, la serie de Laura Kittrell también sale bien librada al traer los años 90 en su propia forma de contar la historia. Los diálogos parecen salidos directamente de las comedias románticas de la época y la trama no va apresurada por la necesidad del público actual de verlo todo en 2x.

Al final, Elle recupera esa sensación de haber visto Legalmente Rubia hace tanto tiempo y seguir dejándose sorprender por el personaje. La historia es divertida y ligera, pero aun así puede abrir buenos debates, y lo mejor es que ya sabemos exactamente cómo va a terminar.

Nota del Crítico

Magnífico

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