En la era del streaming, donde la intimidad se ha convertido en contenido premium, la línea entre lo personal y lo negociable es cada vez más difusa, y los Beckham, como otras familias, lo saben.
Si no sabes, Brooklyn Beckham, hijo de la pareja, acusó en redes sociales a sus padres de atacarlo indirectamente a través de la prensa y de intentar dañar su matrimonio con la actriz Nicola Peltz Beckham para proteger su imagen pública. El joven de 26 años describió una relación marcada por el control y la ansiedad, asegurando que solo al distanciarse de su familia logró encontrar estabilidad emocional.
La sospecha del “modelo Netflix”
Para muchos usuarios, el patrón resulta familiar. La narrativa de ruptura, emancipación y “contar la verdad” recuerda inevitablemente a otros casos recientes donde los conflictos familiares derivaron en contratos editoriales y series documentales de alto perfil. En este caso, la teoría dominante apunta a Netflix como posible beneficiario —y eventual narrador— del conflicto.
El argumento central es sencillo: la familia Beckham ya tiene una relación probada con la plataforma. El documental Beckham (2023) fue un éxito global, seguido por un proyecto centrado en Victoria. En ambos casos, la historia fue la del ascenso, la disciplina y la reinvención. Brooklyn, en cambio, quedó en segundo plano. Ahora, con un discurso centrado en el distanciamiento, el dolor y la búsqueda de identidad, su relato encajaría perfectamente como el contrapunto dramático que falta para completar el arco familiar desde otra perspectiva.
Por ahora, no hay anuncios oficiales ni confirmaciones de nuevos proyectos. Sin embargo, el debate ya está instalado: en el ecosistema actual del entretenimiento, incluso el dolor real puede convertirse en una narrativa serializable. El caso Beckham vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda sobre nuestra época: cuándo una crisis familiar deja de ser solo una crisis y se transforma en contenido listo para streaming.