Godzilla: Minus Zero es una secuela que supera en varios valores a su antecesora
Vuelve Takashi Yamazaki que dirige, escribe y hace los efectos visuales, todavía más destacados
Debo confesar que llegué a la previa de Godzilla: Minus Zero (2026) con una idea clara: no iba a ser mejor que la anterior. Lo que había logrado Godzilla: Minus One (2023) era recuperar la esencia de la primera era del kaiju (el contexto histórico, la amenaza colosal) y darle un marco visual más actual, pero lejos de los efectos visuales de Hollywood, para imprimirle consistencia y creatividad. Por suerte, me equivoqué.
Minus Zero duplica la acción, apuesta a meterse de lleno en la mitología sumando a un rival clásico (Ghidorah) y mejora la experiencia en salas, sobre todo en IMAX, donde el sonido y los inmejorables efectos son lo más impactante de la película. Realmente salí satisfecho: es una de mis mejores salidas al cine de este 2026.
Entre las mejoras, profundiza los arcos de Noda, Shikishima y Noriko, estos dos, ahora intentan armar una familia con la pequeña Akiko. Shikishima, héroe sin capa de la primera entrega, vuelve a ser convocado y duda en renunciar a la paz que consiguió, pero allá va, con su familia al hombro. Mantiene el mismo tono melodramático, aunque más combativo, y tiene un final clásico que, en su costado familiar, se imprime en la memoria.
Entre los personajes que se suman, el que más aporta, además de valor histórico, es el biólogo Murakami (Min Tanaka), sobreviviente de Hiroshima, donde perdió a toda su familia. El deseo de venganza es lo que lo impulsa, y hasta protagoniza una de las mejores escenas de la película: su sueño de que Godzilla ejecute a los responsables de la muerte de sus seres queridos. Pero además, tiene mucho que ver con la resolución del conflicto.
Vuelvo al apartado visual para hablar de dos cosas: sus mejoras y la incorporación de Ghidorah, un clásico de la familia Godzilla. Ahora son dos los monstruos, pero no por eso pierde calidad ni se siente que estén flotando en la imagen. El trabajo de efectos visuales es realmente sorprendente: los monstruos tienen porte, texturas y expresividad, y el combate final tiene una escala monumental. Hay un plano, un primerísimo primer plano de Ghidorah atacando a los hombres con una de sus cabezas, que se sostiene unos largos segundos y es increíble en todo el sentido de la palabra.
En lo que quizá se pasa un poco es en el sufrimiento, punzante con la crudeza de sus imágenes, y cómo los refleja entre música y montaje. Abusa (poco, pero lo hace) de este recurso, aunque en cierto sentido es parte de la lógica del drama japonés.
Godzilla: Minus Zero es satisfacción plena desde el comienzo, con la llegada de un Ghidorah todavía no tan poderoso que arrasa con una ciudad, y a partir de ahí no te deja despegar la atención de la pantalla. Tiene una ejecución de sonido y efectos que son la envidia de todo Hollywood, y una historia más oscura pero también más atractiva. En IMAX la experiencia es completa: recomiendo buscar esas pantallas, colosales como el goce de ver a Godzilla y Ghidorah darse con todo durante dos horas.