Michael | Un fan service que va a lo seguro sin proponer ni profundizar
Jaafar Jackson y Colman Domingo ofrecen actuaciones a la altura de sus personajes
Michael Jackson tiene ese estatus que logran muy pocas personas en el planeta: el de aquellos seres humanos cuya contribución a la humanidad los hizo tremendamente populares alrededor del mundo, al punto de que no había nadie que no conociera su nombre o hubiera escuchado alguno de sus temas. Su papel en el mundo del entretenimiento comenzó desde niño y no paró hasta el último de sus días.
Es prácticamente imposible retratar su vida y logros en una película de dos o tres horas; con Michael Jackson se necesita prácticamente una trilogía: una que abarque de su niñez hasta su éxito con los Jackson 5; la segunda, el inicio de su época como solista, que culmina con el show del Super Bowl; y la última, donde entraría en un terreno imposible de no tocar o pasar desapercibido, como lo serían sus procesos legales, sus hijos y su muerte.
Michael, de Antoine Fuqua, termina en un concierto en Londres en 1988, siguiendo la fórmula de Bohemian Rhapsody (que comparten el mismo productor, Graham King), donde el final es una secuencia formada con algunos éxitos. Sin embargo, en la película de Freddie Mercury ese concierto se nos prometía como el momento clave, el conflicto por resolver y el punto que culminaría en una gran fiesta. Acá llegamos ahí solo por un salto en el tiempo y un concierto con Michael en solitario, sin los Jackson 5, en su gira de despedida; entonces se siente desconectado y muestra su verdadera cara… que tampoco se molesta en ocultar: un fan service.
La película no aborda los procesos legales en los que se vio envuelto el rey del pop, simplemente porque el primero fue en 1993 y luego en 2005; sería ilógico para una película que termina en 1988. Sin embargo, sí llega a mostrar algunas controversias de Jackson, como sus animales exóticos, la rinoplastia a la que se sometió y el accidente durante un comercial de Pepsi que le provocó quemaduras de segundo y tercer grado en el cráneo.
Una biopic musical no sería tal sin contar con los momentos clave que hicieron historia, como el videoclip de Thriller o Bad (dirigido por Martin Scorsese, pero ni se emocionen porque ni sale), o sus clásicos con los Jackson 5; y, aunque están todos estos y otros más, su momento en la película se limita a marcar un check y continuar con la historia o, en el mejor de los casos, presentarlos a manera de videoclip.
Solo llegamos a ver momentos fugaces, como Michael haciendo el moonwalk y la gente volviéndose loca, o el final de Thriller, pero sin ofrecer algo extra; similar a la sensación de subirte a un juego cuyo carro no se detiene mientras intentas ver lo más que puedas. Esa es la sensación que hay en esta película. Se menciona lo increíble que era Michael y se muestran multitudes, pero se pudo haber profundizado en eso: ¿qué lo hacía, en aquella época, tan único en su tipo?
Jaafar Jackson logra, con los movimientos, una actuación a la altura de lo que sería el rey del pop, y eso, para una persona en su primera película y en ese papel, es algo por demás sorprendente. El resto del elenco, encabezado por Colman Domingo en plan villano, hace del reparto de Michael un acierto.
Al final, Michael cumple como fan service, pero los fans merecían más que solo un repaso de sus clásicos, con uno que otro momento de tensión entre él y su papá. Eso sí: la película será un gran contenido para calibrar y presumir los sistemas de teatro en casa.