Retirement Plan ensaya un divertido discurso pop, pero carece de carisma
Nicolas Cage encabeza un elenco de medallones que hacen todo lo posible para entretener al público
Créditos da imagem: Escena del Plan de Jubilación (Reproducción)
Bobo (Ron Perlman) es, de lejos, el mejor personaje de Plan de Jubilación. Es el secuaz del jefe del crimen Donnie (Jackie Earle Haley), revelando una profundidad insospechada cuando es enviado a las Islas Caimán y termina convirtiéndose en el "cuidador" de la joven e inteligente Sarah (Thalia Campbell), nieta del ex asesino a sueldo Matt (Nicolas Cage), quien posee una memoria USB llena de información que interesa mucho a Donnie. Parte del encanto de Bobo radica en la interpretación de Perlman, por supuesto: abandonando la amenaza habitual que suele adoptar en este tipo de papel, él apuesta por una entrega monótona para resaltar la comedia absurda del guion, y por posturas calculadas que realzan la inercia en la que el personaje se siente más cómodo.
Por otro lado, Bobo también capta la atención del espectador porque está en el corazón del texto más interesante que Plan de Jubilación tiene para ofrecer. Lo que el director y guionista Tim Brown (La Criatura Oscura) esboza aquí es una exploración metalingüística del lado más sórdido del cine de acción, que se adentra en las corrupciones institucionales que explican -cuando no justifican o enaltecen- las acciones de sus justicieros solitarios. Antes que nada, Plan de Jubilación se burla, con bastante desenvoltura, de las puñaladas por la espalda y los tejemanejes políticos que son parte inextricable de la lucha gubernamental contra el crimen organizado, así como de los lugares comunes de este tipo de película. La escena en la que dos agentes de la CIA aprovechan para contestar llamadas secretas mientras el otro está comprando hot dogs es sinceramente impagable.
Además, sin embargo, la película busca desdibujar la línea entre "buenos" y "malos" al cuestionar cuándo y por qué ciertas narrativas eligen de qué lado de esta dicotomía pondrán a sus personajes. Y Bobo, un estudioso de Shakespeare que nunca parece muy cómodo en su vida criminal, es la ilustración más clara de esta veta subversiva del texto, que también utiliza la relación de Cage con su hija, Ashley (Ashley Greene), como una forma de cuestionar la narrativa de la responsabilidad parental desde la perspectiva de la experiencia adulta. Matt estuvo poco presente durante la vida de Ashley, ocupado como estaba en ser el héroe de su propia película de acción, pero solo acepta volver a este papel cuando ve la posibilidad de ayudarla.
Y no es como si la propia Ashley fuera un ejemplo de madre, arrastrando a su hija a sus intrigas criminales, ¿verdad? Matt no pierde tiempo en señalar esta contradicción, y Cage no oculta la vileza de la acusación: en sus manos, el protagonista de Plan de Jubilación es un degenerado con alma, que atraviesa las escenas de acción de la película con el mismo desenfado con el que atropella sus diálogos, marcados por gruñidos y énfasis extraños que son la marca del actor. Físicamente hablando, Cage no luce el traje de héroe de acción "maduro" tan bien como Liam Neeson o Keanu Reeves, pero estos actores tampoco son capaces de arrancar risitas de diálogos insípidos o de reflejar una vida llena de arrepentimientos en algunas pocas miradas. Cage es, lo que eleva naturalmente a Plan de Jubilación.
Ante todo esto, es una lástima que el trabajo de Tim Brown en la dirección deje a la película huérfana de un lenguaje visual que combine con su aproximación a un discurso pop tan interesante. Y no es por falta de intento: el cineasta recurre a una amplia gama de trucos estéticos, incluyendo un molesto efecto de sonido de látigo que aparece cada vez que se introduce un nuevo personaje, acompañado de una imagen congelada del rostro del actor pasada por un filtro barato de Instagram y rematada por un rótulo con el nombre de su personaje (que normalmente acaba de ser mencionado en escena). Añade a eso subtítulos graciosos para cada cambio de ubicación en la trama y bromas visuales creadas para resaltar lo absurdo de las situaciones y listo, tienes la receta de un thriller criminal modernito con pretensiones a lo Quentin Tarantino y Guy Ritchie (o Rian Johnson y Edgar Wright, para actualizar un poco esas referencias pop que siempre se reciclan).
El problema es que, a diferencia de Tarantino, Ritchie o sus herederos legítimos, Brown no tiene idea de cómo dirigir su puesta en escena para apoyar estos recursos estéticos, de cómo mantener la energía de la película en alto para que estas travesuras "cuelen". Si la idea es imprimir un tono pulp a los procedimientos, para casar con un metacomentario ingenioso sobre las historias que contamos dentro del género de acción, al director le falta el mismo aplomo que Cage y Perlman exhiben de sobra: el de existir en escena, al mismo tiempo, en dos niveles de significado diferentes, elaborando este texto dentro del universo de significados de la película sin renunciar a comunicarse con el espectador más allá de él.
El resultado es obvio: cuando Plan de Jubilación llega cojeando a su desenlace, que incluso se esfuerza demasiado por masticar una lección de moral para el espectador, el poco entretenimiento que proporciona la película resulta insuficiente para justificarla como diversión. Pulp sin carisma, después de todo, es solo mediocridad.