Sirat: Trance en el desierto: el film desafía la tolerancia del espectador

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Sirat: Trance en el desierto: el film desafía la tolerancia del espectador

La película representa a España en los Oscar 2026 y ganó el premio del jurado en Cannes 2025

Omelete
4 min de lectura
29.01.2026, a las 11H48.

Óliver Laxe es un director español que desde muy joven logró llamar la atención con su cine. Siempre contando historias de gente que está fuera del sistema o en sus márgenes: Todos vós sodes capitáns (2010), Mimosas (2016) y Lo que arde (2019) son grandes ejemplos de su perspectiva, de lo que le apasiona al director. Sirat: Trance en el desierto también prometía una historia  en esos mismos términos, de la tribu de música electrónica, de esa gente sin pasado pero con marcas que lo evidencia, y de aquellos que van al desierto a disfrutar de las raves, cuánto hay de elección y cuándo de "es lo que hay". Sin embargo, la crueldad toma más poder del que uno esperaba en el film nominado al Oscar 2026.

La película inicia, sin hablar del pasado de sus protagonistas, en una rave en pleno desierto marroquí. La música, el ritmo de los parlantes y el baile de sus asistentes son la forma de entrar en clima. La secuencia es larga para poner en contexto al espectador de lo que vendrá. Tensión constante desde el arranque, golpes sonoros que cada vez martillan más fuerte. Decenas bailan como en un trance, lo que le da un justo título a la película, y con las montañas y la arena de fondo. Hay algo de soledad, pero de hermandad en las comunidades que pasan días y horas bailando en estas fiestas.

Allí se presentan Luis (Sergi López) y su hijo Esteban (Bruno Núñez) junto con Pipa, una adorable perrita. Ellos no están disfrutando de la música ni de la compañía de esta gente, están buscando a su hija y hermana que lleva 5 meses desaparecida. Tienen una pista y es que podría estar allí, pero no parece ser acertado, nadie la vio ni la conoce. Se nota que llevan días buscándola, pero no tenemos demasiada información de dónde viene esta familia, ni de la esposa/madre, solo ellos dos y su mascota. Lejos de rendirse, se suman a un grupo que, luego de ser desalojados por militares que los advierten que es una zona peligrosa porque existe un conflicto bélico, se dirigen al sur, cerca de Mauritania. Así es como Luis y Esteban comienzan a perseguir a dos casas rodantes, para luego acoplarse a la caravana y formar parte de este grupo en busca de una nueva fiesta y la joven desaparecida. 

Imposible no pensar en un film apocalíptico al estilo Mad Max, la ruta, la crisis con la gasolina, el desierto, pero también a los western y, puntualmente a los Spaghetti westerns, ya que geográficamente están cerca de donde se filmaban estos últimos. No solo desde lo estético, sino también desde la desesperación, la búsqueda de alguien ausente y los personajes que se van encontrando en el camino. Esta zona cada vez más militarizada y con faltante de combustible, se convierte en el escenario de Sirat: Trance en el desierto.  

No vale la pena dar ningún tipo de detalle de lo que seguirá, solo advertir que son incorporados a esta comunidad, muchos de ellos evidencian una vida bastante difícil (a uno de ellos le falta una mano y a otro una pierna) y una familia elegida que abraza a este padre e hijo por lo noble de la causa que los empuja, además de su determinación. Incluso Esteban, gran actuación de Bruno Núñez, no expresa ni un gesto de duda pese a su edad.

La primera parte de la película es excelente, desde el tono, el uso de la música, la presentación de los personajes y los escenarios elegidos. El humor para afrontar todo el drama que empuja a esta familia también está bien usado, pero hay un punto de quiebre clave en la historia. Cerca de la hora de película, hay un giro que lleva a más oscuridad y la crueldad se apodera de la historia. 

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A partir de ese punto, la película cambia, el espectador cambia. Lo que podría haber sido un film sobre la búsqueda de esta joven o la profundización de las comunidades que bailan en el desierto, incluso sobre la crisis humanitaria de la región, la película decide conocer el lado más oscuro de estos personajes en condiciones extraordinarias (para mal).

Está claro que el director elige esta historia  también para hablar de la muerte menos fantástica y más cruda, del abandono de ciertos lugares del planeta y, justamente, la fina línea entre la felicidad y la oscuridad (en el islam, Sirat es el puente sobre el infierno que todas las almas deben cruzar el día de la resurrección para llegar al paraíso), pero la crueldad que cae sobre los personajes, por momentos excesiva, la hace extraña, pesada. No es una mala película, al contrario, pero algunas decisiones la hacen despiadada y uno se pregunta por qué.

Nota del Crítico
Bueno
Sirat: Trance en el desierto
Sirât
Sirât

Año: 2025

País / Nación: España

Duración: 01:55 hs. min

Dirección: Oliver Laxe

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