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Series y televisión
Crítica

The Boys | La quinta temporada que no supo decir adiós

Homelander, Billy y compañía no tuvieron la despedida que merecían

Omelete
5 min de lectura
20.05.2026, a las 04H00.
Actualizado en 20.05.2026, a las 07H15
The Boys | La quinta temporada que no supo decir adiós

Existe un tipo de decepción específica reservada para las series que alguna vez amaste muchísimo. No es la decepción de haber visto algo malo desde el principio. Es peor: es darte cuenta de que algo que fue muy bueno llegó a su final sin la menor idea de cómo terminar. The Boys, que durante tres temporadas fue una de las mejores series en emisión del streaming, cerró su recorrido con una quinta temporada que va a entrar en esa lista incómoda de finales que quedaron a deber. Y el problema no está en uno o dos episodios malos. Está en un vacío de ideas que atraviesa toda la temporada.

El contexto importa. La cuarta temporada ya había sido irregular, filmada en medio de la huelga de guionistas de Hollywood y cargando con el peso narrativo de tener que atar cabos del spin-off Gen V, que ya fue cancelado. El quinto año llegó con la promesa de corregir el rumbo y cerrar la historia de Billy Butcher (Karl Urban), Homelander (Antony Starr) y The Boys de una vez por todas. La expectativa era una última danza a la altura de lo que la serie había construido. Lo que vimos fue distinto: episodios que parecían haber sido hechos para otro momento, como si la serie todavía tuviera temporadas por delante.

El principal problema de esta última tanda es estructural. Los primeros cuatro episodios no tienen sentido de urgencia. Para una temporada final, esa es una falla grave. La historia ya llegó hasta aquí, los personajes ya están todos colocados, el conflicto con Homelander ya parecía haber alcanzado su punto más alto. Y aun así, el año final tarda demasiado en arrancar. Hay mucha conversación, mucha revisita de temas ya agotados y poca sensación de que estamos llegando a algún lado, especialmente al final de todo. El creador Eric Kripke incluso respondió a las críticas defendiendo los episodios como necesarios para el desarrollo de los personajes, pero el argumento no convence cuando el desarrollo en cuestión no aporta nada que ya no supiéramos. Cuando parecía que la historia por fin iba a despegar, aparecía un nuevo balde de agua fría.

El episodio siete, el penúltimo de la serie, se volvió símbolo del problema. Se convirtió en el capítulo con peor calificación de toda la historia de The Boys en IMDb, y no por casualidad. Tiene un largo monólogo de Synapse, tomando la forma de Jeffrey Dean Morgan, sobre los peligros de seguir a Billy, una escena que funciona como ejercicio de nostalgia para fans de Supernatural o The Walking Dead, pero que no entrega ninguna información nueva sobre un personaje que la serie ya había desmenuzado durante los últimos cinco años. Son escenas que, en una temporada con más aire, serían más interesantes. En una temporada final, suenan como filler disfrazado de profundidad.

Lo que todavía funciona, y hay que ser justos, es el Homelander de Antony Starr. El actor da lo mejor de sí durante toda la temporada, devolviéndole al personaje esa capa de fragilidad que lo vuelve fascinante más allá del caos. Ese Homelander como figura de poder autoritario en disolución, como alguien profundamente aislado dentro de su propia omnipotencia, es uno de los retratos más precisos que la serie ha hecho. El humor desfachatado y la crítica política ácida que definieron a The Boys también resisten: la temporada no pierde la mordida cuando decide usarla, y hay secuencias que recuerdan por qué esta serie fue tan buena. El problema es que esas cualidades quedan sueltas dentro de una estructura que no sostiene el peso que carga.

La cuestión de los personajes es otro punto sensible. The Boys siempre presumió que nadie estaba a salvo, que las apuestas eran reales. La quinta temporada reparte algunas muertes, y algunas de ellas funcionan. La despedida de Franchie (Tomer Capone) está llevada con delicadeza y se sostiene emocionalmente. La de A-Train (Jessie T. Usher) tiene sus méritos. Pero junto a despedidas que sí funcionan, hay personajes que debieron haber cerrado su recorrido hace mucho tiempo y que llegan al final inexplicablemente vivos, como si la serie tuviera miedo de comprometer ciertos arcos o de cerrar puertas para los spin-offs que vienen en camino. 

Ese es quizá el síntoma más preocupante de la temporada: la sensación de que parte de las decisiones creativas se tomaron pensando en el ecosistema y no en la historia. El universo de The Boys va a continuar, con Vought Rising y otros proyectos. Y se nota dónde la serie final hizo concesiones para no cerrar ciertas puertas. Cabos que deberían atarse quedan deliberadamente sueltos. Eso no es narrativa, es planeación de franquicia. Y el espectador siente la diferencia.

Los personajes llegados de Gen V tampoco salen bien librados. Son participaciones que rozan el cameo, sin que la serie resuelva de forma satisfactoria qué hacer con ellos después de dos años construyendo sus arcos en el spin-off. Es otra señal de que The Boys no logró integrar las partes del universo que ayudó a crear, y que llegó al final cargando demasiados cabos sueltos para un episodio final de poco más de una hora.

El final en sí intenta remediar con espectáculo lo que la temporada no construyó con consistencia. Hay violencia, hay resolución, y hay momentos que funcionan de manera individual. Pero una serie que durante años trató sobre personajes complejos en una guerra moral imposible no puede salvarse con un último episodio de acción, por mejor ejecutado que esté. El cierre de una historia depende de lo que se construyó antes, y lo que se construyó aquí, a lo largo de siete episodios irregulares, no ofrece base suficiente para que el punto final resuene como debería.

The Boys fue, en sus mejores momentos, una de las sátiras más inteligentes y valientes de la era del streaming. La primera temporada redefinió lo que una serie de superhéroes podía ser y de vez en cuando escuchábamos la famosa frase "esto es muy The Boys". Llegar al final con una temporada que parece desdibujada de su propia identidad es una injusticia con todo lo que vino antes. No es una tragedia, porque los primeros tres años siguen siendo intocables. Pero sí es un cierre débil, y The Boys merecía mucho más que eso.

Nota del Crítico

The Boys (Prime Video)

Criado por: Seth Rogen, Evan Goldberg e Eric Kripke
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