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¿Por qué se llama Super Bowl? Te decimos la historia

Como todo lo originó un juguete que era la sensación en los 60

Lopez Aguirre
08.02.2026, a las 06H30.

Durante décadas, el Super Bowl ha sido el evento deportivo más visto del planeta, un escaparate de publicidad multimillonaria, espectáculos de medio tiempo y cultura pop en estado puro. Sin embargo, detrás de ese nombre grandilocuente hay una historia sorprendentemente mundana: su origen está en un juguete infantil que rebotaba sin control en la sala de una casa estadounidense en los años 60.

Tras la histórica fusión entre la NFL y la AFL en 1966, las ligas enfrentaron un problema inesperado: cómo llamar al partido que definiría al campeón absoluto. Pete Rozelle, entonces comisionado de la NFL, buscaba un nombre “serio” y elegante que posicionara al futbol americano al nivel de la Serie Mundial de béisbol. Las propuestas oficiales —largas, rígidas y corporativas— no funcionaban ni en titulares ni en la conversación popular, dejando al nuevo evento sin identidad real.

La solución apareció por accidente. Lamar Hunt, fundador de la AFL y dueño de los Kansas City Chiefs, observó a sus hijos jugar con una pelota llamada Super Ball. En tono casi burlón, comenzó a referirse al partido como “Super Bowl”, un nombre que él mismo consideraba demasiado cursi para adoptarse oficialmente, pero que jugaba fonéticamente y además lo hacía para diferenciarse de los otros Bowls. Paradójicamente, esa simpleza fue su mayor fortaleza: era corto, memorable y fácil de repetir, justo lo que los medios necesitaban.

Aunque ejecutivos y directivos rechazaron inicialmente el término por considerarlo poco sofisticado, la prensa y los aficionados hicieron su trabajo. “Super Bowl” empezó a aparecer en crónicas, transmisiones y conversaciones informales hasta volverse imposible de ignorar. Para el Super Bowl III, el juego de Joe Namath y los Jets, la liga finalmente aceptó lo inevitable: el nombre ya pertenecía al público.

Hoy, el Super Bowl es una de las marcas más poderosas del entretenimiento global, un recordatorio de que a veces el branding más efectivo no nace de una estrategia millonaria, sino de una coincidencia doméstica. Irónicamente, el evento que pretendía competir con la élite cultural terminó adoptando un nombre nacido de un juguete… y ganó.