Michael | ¿Qué pasó con Bubbles, el chimpancé de Michael Jackson?
El cantante lo rescató de un centro de investigación en Texas
La llegada a los cines de Michael ha puesto el foco en uno de sus compañeros más icónicos y polémicos: Bubbles. pero, ¿qué fue del chimpancé más famoso del mundo y dónde se encuentra ahora?
Aunque muchos aún lo recuerdan como el pequeño chimpancé con rostro rosado que acompañaba a Jackson en sus giras de los años 80, Bubbles ha crecido considerablemente y hoy vive una realidad muy distinta.
Desde 2005, reside en el Center for Great Apes (Centro para Grandes Simios) en Wauchula, Florida. Este santuario se especializa en brindar cuidados de por vida a primates rescatados del mundo del entretenimiento, la investigación y el mascotismo privado.
A sus 43 años, Bubbles es considerado un primate de edad avanzada. Pesa cerca de 170 libras (77 kg) y, aunque se mueve con más lentitud debido a su edad, goza de buena salud.
Vive en un grupo de cinco chimpancés. Su mejor amiga es Oopsy, una hembra de 52 años que también fue "estrella" de televisión en los años 70. Actualmente, los cuidadores lo están ayudando a integrarse con chimpancés más jóvenes, ya que Bubbles tiene un instinto paternal muy marcado.
Le encanta comer frutas y vegetales de hoja verde, tomar siestas y jugar con mochilas que tienen velcro, donde guarda sus "tesoros" para llevarlos de un lado a otro.
A pesar del fallecimiento del cantante en 2009, el Michael Jackson Estate continúa financiando íntegramente sus cuidados, asegurando que Bubbles viva en un entorno tranquilo y protegido, lejos del ojo público.
El origen de una relación legendaria
Michael Jackson rescató a Bubbles a mediados de los 80 de un centro de investigación en Texas. Durante años, fueron inseparables: Bubbles dormía en una cuna en la habitación de Michael, tomaba el té con funcionarios en Japón e incluso fue el acompañante del cantante en la boda de su abogado, John Branca.
Sin embargo, a medida que Bubbles creció y se volvió más agresivo (un comportamiento natural en chimpancés adultos), se hizo imposible que siguiera viviendo en una casa suburbana o en Neverland, lo que finalmente llevó a su traslado al santuario donde hoy disfruta de su jubilación en paz.