La segunda temporada de Fallout acaba de lanzar una bomba —metafórica, por ahora— que podría cambiar por completo todo lo que creíamos saber sobre el origen del apocalipsis nuclear. En el episodio cinco, titulado “The Wrangler”, una conversación aparentemente casual introduce una idea inquietante: tal vez ni Vault-Tec ni las megacorporaciones fueron quienes iniciaron el fin del mundo.
La clave está en Robert House. Durante su charla con Cooper Howard, el magnate deja claro que, aunque el colapso global es inevitable, existe “otro jugador en la mesa”, una entidad invisible que mueve los hilos desde las sombras. House incluso es tajante al afirmar que las bombas no serán lanzadas por él ni por ninguno de los ejecutivos corporativos reunidos, rompiendo con la idea que la serie había sembrado desde su primera temporada.
El Enclave, el enemigo que nadie vio venir
Si no fueron las corporaciones, la pregunta es inevitable: ¿quién tuvo el poder real para iniciar la Gran Guerra? Todas las pistas comienzan a apuntar hacia el Enclave, la organización más oscura y peligrosa del lore de Fallout. Antes del apocalipsis, el Enclave operaba como un gobierno secreto dentro del gobierno estadounidense, con una ideología extrema y recursos prácticamente ilimitados.
A diferencia de China o de las corporaciones rivales, el Enclave encaja perfectamente con la descripción de House: una fuerza “desconocida”, imposible de rastrear incluso para alguien que presume controlar la geopolítica y el futuro económico del mundo. Su supervivencia durante siglos y su autoproclamado estatus como los verdaderos herederos de Estados Unidos refuerzan la idea de que siempre jugaron una partida distinta.
La pista clave: los Deathclaws
Uno de los detalles más reveladores es la ignorancia de House respecto a los Deathclaws. El personaje admite haber visto indicios, incluso menciona uno en Alaska, pero no sabe quién los creó ni con qué propósito. Para los fans de los videojuegos, esto es una señal enorme: los Deathclaws fueron desarrollados por el ejército de Estados Unidos antes de la guerra, en proyectos clasificados.
Que alguien como House desconozca su origen sugiere que estos experimentos no estaban bajo control corporativo, sino en manos de una facción ultrasecreta. Exactamente el tipo de operaciones que el Enclave habría manejado lejos de cualquier escrutinio.
Una historia que cambia por completo
Esta teoría también recontextualiza el final de la primera temporada. Aunque Barb Howard insinuó que las corporaciones consideraron lanzar las bombas, la revelación de House abre la puerta a una manipulación mucho más profunda. Vault-Tec y compañía pudieron haber sido peones, no arquitectos del desastre.
Si la serie confirma esta línea narrativa, el Enclave dejaría de ser solo una amenaza heredada del pasado para convertirse en el verdadero autor intelectual del fin del mundo: responsables no solo de la guerra nuclear, sino también de los Deathclaws, los experimentos secretos y la tecnología que aún define el Yermo.
En ese escenario, Fallout no trata solo de sobrevivir al apocalipsis, sino de descubrir quién lo diseñó desde las sombras… y por qué nunca dejó de gobernar, incluso después del fin del mundo.