En lugar de multiversos o amenazas cósmicas, el cierre de Wonder Man, la más reciente serie de Marvel Television, se enfoca en algo mucho más incómodo y humano: el precio de tener poder en un mundo que exige narrativas simples. El desenlace deja claro que Simon Williams no estaba destinado a ser un Vengador tradicional, sino un personaje atrapado entre la fama, la culpa y la lealtad.
Spoilers de Wonder Man a continuación
El corazón emocional del final es Trevor Slattery. Tras la explosión en el set y la presión del DODC, Trevor decide reinterpretar el papel que marcó su vida: el falso Mandarín. Al adjudicarse públicamente la responsabilidad del atentado, convierte una verdad compleja en una historia fácil de digerir para los medios y las autoridades. Aunque el agente Cleary sospecha la farsa, el sistema acepta la versión porque necesita un villano reconocible. Trevor entiende algo que Simon aún no: a veces la verdad importa menos que el relato que mantiene el orden.
Este sacrificio no es heroico en el sentido clásico, sino profundamente trágico. Trevor asume que ya desperdició su vida, pero se niega a permitir que Simon haga lo mismo. Su decisión no busca redención pública, sino proteger a su amigo, aun cuando eso implique desaparecer tras los muros de una prisión de máxima seguridad.
El éxito que no llena el vacío
Mientras Trevor paga el precio, Simon obtiene todo lo que siempre persiguió. Regresa al rodaje, se coloca las gafas del Wonder Man ochentero y conecta con el recuerdo de su padre. En la premiere, recibe la aprobación de su hermano Eric y el orgullo de su madre. Narrativamente, es el clímax del sueño hollywoodense. Sin embargo, la serie deja claro que este éxito se siente hueco. Simon consigue fama, pero pierde el ancla emocional que lo sostenía.
Este contraste es clave para entender el mensaje de la serie: el reconocimiento social no compensa una traición moral. Simon podría seguir adelante con su carrera, pero el sacrificio de Trevor convierte cada aplauso en un recordatorio incómodo de lo que costó llegar ahí.
En lugar de avanzar, Simon toma una decisión inesperada. Se infiltra en el DODC bajo el pretexto de estudiar a un “hombre común” para un futuro papel. Este movimiento no es impulsivo; es un acto consciente de alguien que ya entiende que no puede seguir ocultando sus capacidades ni sus responsabilidades. Cuando finalmente encuentra a Trevor, el diálogo entre ambos es devastador. “Hubiera sido mejor contigo como Barnaby”, dice Simon, admitiendo que el éxito perdió sentido sin su amigo.
El momento final —Simon arrancando los barrotes y volando por primera vez— no es un espectáculo vacío. Es una declaración de identidad. Durante toda la serie, Simon reprimió sus poderes para encajar, para ser aceptado, para no incomodar. Al volar, acepta por completo quién es, incluso si eso lo convierte en una amenaza para el sistema. No destruye el DODC, no busca venganza; elige rescatar a una sola persona.
Un cierre sin promesas falsas
Wonder Man termina sin escena post-créditos y sin grandes anuncios del futuro del MCU. Simon y Trevor huyen como fugitivos, dejando abierta la puerta a nuevas historias, pero sin imponerlas. Es un final que prioriza la coherencia emocional sobre el hype. Marvel, por una vez, permite que un personaje simplemente alce el vuelo y se vaya, recordándonos que no todas las historias necesitan una continuación inmediata para tener sentido.