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Películas
Crítica

Sin corazón traslada al cine el deseo irresistible de irse... y también de quedarse

Película brasileña sobre mayoría de edad prioriza sensaciones para refrescar el subgénero

Omelete
3 min de lectura
26.04.2024, a las 16H09.
Actualizado en 02.05.2024, a las 15H10
Escena de Heartless (Reproducción)

Créditos da imagem: Escena de Heartless (Reproducción)

No faltan películas sobre los muchos momentos de umbral que componen la experiencia humana universal de la infancia y la adolescencia. Pero no son tantas de esas, llamadas en inglés coming of age (o simplemente “películas de maduración”), las que logran capturar la melancolía al mismo tiempo absurdamente dolorosa y coloreada por el aburrimiento que acompaña esos umbrales. El descubrimiento de la falibilidad de los padres, la exploración del mundo más allá del hogar, la primera experiencia sexual, el impulso para alejarse de la ciudad natal - hay en cada una de esas transformaciones una angustia tan aguda, matizada por el despreparo y la ansiedad y la inmutabilidad, que se vuelve también entumecedora.

Sin Corazón, galardonado largometraje alagoano de Nara Normande y Tião, encuentra su mayor diferencial en la captura de esa mismísima sensación. En la trama, libremente inspirada en la juventud playera de Normande, Tamara (Maya de Vicq) es la joven hija de una familia acomodada de un pueblecito de pescadores, que disfruta su último verano antes de partir a Brasilia para ir a la universidad. El guion, también firmado por la dupla de directores, se estructura en los dramas y crisis de Tamara y de sus amigos, todos de una clase social inferior a la de la chica. En esta fragmentación, Tião y Normande tocan de manera refrescantemente directa, incluso celebratoria, cuestiones de identidad sexual, desigualdad social, posicionamiento político, masculinidad y responsabilidad familiar en un contexto socioeconómico.

Aunque Sin Corazón mantenga el ojo atento a todo esto, sin embargo, es al unir su retrato de subjetividades distintas con una línea comunal de trepidación identitaria donde encuentra algo verdaderamente especial. La preocupación de Tamara por el alejamiento de la ciudad natal es en el fondo la misma de Sin Corazón (Eduarda Samara), su crush, que no quiere dejar atrás a su padre pescador, y sabe que por eso tal vez nunca pueda vivir una pasión como la que se sugiere con la protagonista. Por debajo de las capas de la diversidad asumida y abrazada por la película, ambas están preocupadas por elegir un camino - incluso si ese es, de hecho, el único disponible - y perder a quienes podrían haberse convertido si hubieran elegido otro.

En el encuentro ansioso y en la decisión de no coincidir entre las dos, Sin Corazón evoca no solo amores de adolescencia perdidos, sino también deseos de adolescencia nunca realizados. Es una bella contradicción: una película tan preocupada por celebrar el deseo, que se esfuerza tanto en suscitar, mediante la puesta en escena, caracterización y fotografía, las casualidades excitantes que lo componen; pero también una película que reconoce el poder hipnotizante de los caminos no seguidos, de los toques no concretados, de las distancias que se imponen frente a las elecciones que se presentan ante cada uno - nunca más consecuentes que en la juventud.

Impulsadas por ansias y obligaciones irresistibles y opuestas, las protagonistas de Sin Corazón son tratadas por la película con el mismo peso, como dos caras de la misma moneda. Hasta las actuaciones de Maya de Vicq y Eduarda Samara se acercan, posadas en una introspección observadora, en movimientos reprimidos que solo encuentran momentos fugaces de catarsis. Y Sin Corazón se detiene en esos momentos, sean vividos por las protagonistas o por sus amigos, evocando a Wong Kar-wai en una secuencia fragmentada a la orilla del mar, sosteniendo y coloreando en tonos de sepia soleados los abrazos, besos y arrumacos que componen un momento emocional entre colegas, amantes o madre e hija.

Es como si la película quisiera reconocer la grandeza de esos toques, incluso si son atropellados por la abrumadora tragedia de esta vida que nos aleja de ellos. Difícil pensar en una película de maduración que haya sostenido esa contradicción tan bien, y la haya traducido en una imagen tan elocuente como la que estampa los pósters de Sin Corazón: dos adolescentes delgadas, aún más empequeñecidas por la ballena gigante a la que se acercan, a punto de ser engullidas (o, quién sabe, acogidas) por ella.

Nota del Crítico

Magnífico

Sem Coração

2023
95 min
País: Brasil, França, Itália
Direção: Nara Normande, Tião
Roteiro: Nara Normande, Tião
Elenco: Eduarda Samara, Maya de Vicq, Maeve Jinkings
Onde assistir:
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